jueves, 29 de enero de 2015

EL AMBIENTE DE LA SEMANA SANTA: LA BODEGUITA DE SANTA ANA. Pepe Lasala.


-Sube el volumen de tu altavoz, lo disfrutarás dos veces-  


Hoy en nuestra Tertulia, vamos a acercarnos al barrio de Triana, y concretamente a un sitio que os va a gustar por su solera, su buen ambiente y sus exquisitas viandas: la Bodeguita de Santa Ana. El local está situado haciendo esquina entre las calles Vázquez de Leca y Pureza, por lo que desde una de sus puertas se aprecia la Real Parroquia de Santa Ana, y desde la otra la Capilla de los Marineros, siendo este último el motivo por el que el establecimiento es muy frecuentado por cofrades de la Hermandad de la Esperanza de Triana.



Pero… antes de entrar, vamos a disfrutar un poquito de su terraza, pues es un lugar muy apropiado para relajarse y saborear de unas tapas en buena compañía. Aquí podemos encontrarnos con todo tipo de gente, pero siempre buena gente. Desde el más castizo del barrio que se pide “media pa aceite” a la hora del desayuno, hasta el turista inglés que señala con el dedo la botella de manzanilla de Sanlucar mientras con lengua de trapo reclama “guan ruebuhito”.




Pero si esta terraza tiene un día especial, ese es el Jueves Santo por la mañana, cuando el gentío, tras la espera de la larga y reconfortante fila para visitar a Nuestra Señora de la Esperanza y al Santísimo Cristo de las Tres Caídas, se acercan por la bodeguita para tomar un refrigerio. La verdad es que siempre te encuentras con alguien conocido, con alguien a quien posiblemente ves tan sólo de año en año… como dice la canción, a la misma hora y en el mismo sitio. Las conversaciones sobre Semana Santa fluyen a diestra y siniestra, comentando la jugada de lo que ya se ha visto y exaltando la ilusión de lo que queda por ver, destacando el manto que llevaba tal o cuál Virgen, tarareando la marcha que tocó una banda cuando se recogía el Cristo, o relatando lo bien que andaba un Paso en la calle Placentines la tarde del Martes Santo. Y es que entre saludos, besos y abrazos, ese día aquí se arregla el mundo, pero el mundo cofrade.




Y ahora si os parece, vamos a ir adentrándonos en la bodeguita para que contempléis la decoración con sabor a Semana Santa en la que las paredes hablan por sí solas, las servilletas rezan el buen ambiente cofrade que se respira, y los servicios están señalados por un costalero o una mujer vestida de mantilla según sean de hombres o de mujeres.


¿Cómo decís?, ah… que queréis que os recomiende algo para tomar ¿eh? Pues comentaros que aquí está todo riquísimo, pero quien aquí suscribe está profundamente enamorado del montadito de gambas con alioli y por supuesto del montadito de “pringá”. Ya me diréis.


jueves, 22 de enero de 2015

EL EVANGELIO SEGÚN NUESTRA TERTULIA: JESÚS ANTE ANÁS. Pepe Lasala.

-Sube el volumen de tu altavoz, lo disfrutarás dos veces-        

Era un Jueves de Primavera, la temperatura que envolvía la ciudad se presentaba agradable y el bullicio del gentío revoloteaba a lo largo y ancho de aquella avenida. El cartel de un cine iluminaba la fachada de aquel… -iba a decir “Mc Donalds” pero veo más propio de nuestra tierra cambiarlo, así que prosigo-…, el cartel de un cine iluminaba la fachada de aquel “100 Montaditos”. La puerta se abrió, y del establecimiento salieron trece hombres que acababan de cenar. Se veía un grupo muy unido, aunque entre ellos diferían mucho en cuanto a su aspecto. Los había de prácticamente todas las edades, con barba y sin ella, con pelo largo o corto; la escena recordaba aquellas cenas de empresa que se dan en vísperas de Navidad y en las que cada comensal está sacado de una bolsita diferente. No era este el caso, pero sí que fue una gran cena. Una vez en la calle se detuvieron, y daba la impresión de que uno de ellos hablaba mientras el resto atendía con entusiasmo a la conversación. Tenía un aspecto al estilo “Heavy”, ese movimiento musical juvenil que tan de moda se puso allá por los años 80 en gran parte de Europa y América. De repente, dos hombres se acercaron al grupo, e identificándose como Agentes de la Autoridad, se llevaron detenido al que parecía su líder.

          Tras introducirlo en un furgón, recorrieron anchas y largas calles mientras la sirena del vehículo se pronunciaba en un llanto constante, provocando las atentas miradas de quienes con ella se cruzaban. Pasados unos minutos, la velocidad de aquel habitáculo con ruedas fue disminuyendo hasta que se paró por completo frente a una fachada en la que sobre una puerta con enormes cristaleras podía leerse "Juzgado de Guardia". Los agentes invitaron al joven a cruzarla, y tras atravesar un largo pasillo, lo condujeron esposado hasta una sala dispuesta a modo de oficina.

          Allí se encontraba el Juez, acompañado de un secretario, el carcelero, y dos jóvenes de rostro inocente que, bolígrafo en mano, iban llenando folios y folios relatando lo que allí acontecía; posiblemente se tratase de estudiantes de Derecho en prácticas. Tras unos minutos de silencio, y tras contemplar al reo, comenzó la lluvia de preguntas, a las que el protagonista asentía o callaba con humildad y paciencia, recibiendo en una explosión de ira del carcelero un fuerte golpe en la mejilla...

          Es esta una historia verídica, una historia real que, con más de dos mil años de bagaje, hemos traído hasta nuestro tiempo para transmitir el Pasaje Evangélico en el que Jesús es llevado ante Anás; un instante que queda reflejado en la Semana Santa de Sevilla por la Pontificia Fervorosa Ilustre y Antigua Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús ante Anás, Santo Cristo del Mayor Dolor, María Santísima del Dulce Nombre y San Juan Evangelista, y que es conocida popularmente como "La Bofetá".

          Así que, para ver todo un poquito mejor, vámonos hasta la Parroquia de San Lorenzo.



(Juan 18:12-24)

19 Mientras tanto, el sumo sacerdote interrogaba a Jesús acerca de sus discípulos y de sus enseñanzas.
20 —Yo he hablado abiertamente al mundo —respondió Jesús—. Siempre he enseñado en las sinagogas o en el templo, donde se congregan todos los judíos. En secreto no he dicho nada. 21 ¿Por qué me interrogas a mí? ¡Interroga a los que me han oído hablar! Ellos deben saber lo que dije.
22 Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí cerca le dio una bofetada y le dijo:
—¿Así contestas al sumo sacerdote?
23 —Si he dicho algo malo —replicó Jesús—, demuéstramelo. Pero si lo que dije es correcto, ¿por qué me pegas?
24 Entonces Anás lo envió todavía atado, a Caifás, el sumo sacerdote.