jueves, 22 de enero de 2015

EL EVANGELIO SEGÚN NUESTRA TERTULIA: JESÚS ANTE ANÁS. Pepe Lasala.

-Sube el volumen de tu altavoz, lo disfrutarás dos veces-        

Era un Jueves de Primavera, la temperatura que envolvía la ciudad se presentaba agradable y el bullicio del gentío revoloteaba a lo largo y ancho de aquella avenida. El cartel de un cine iluminaba la fachada de aquel… -iba a decir “Mc Donalds” pero veo más propio de nuestra tierra cambiarlo, así que prosigo-…, el cartel de un cine iluminaba la fachada de aquel “100 Montaditos”. La puerta se abrió, y del establecimiento salieron trece hombres que acababan de cenar. Se veía un grupo muy unido, aunque entre ellos diferían mucho en cuanto a su aspecto. Los había de prácticamente todas las edades, con barba y sin ella, con pelo largo o corto; la escena recordaba aquellas cenas de empresa que se dan en vísperas de Navidad y en las que cada comensal está sacado de una bolsita diferente. No era este el caso, pero sí que fue una gran cena. Una vez en la calle se detuvieron, y daba la impresión de que uno de ellos hablaba mientras el resto atendía con entusiasmo a la conversación. Tenía un aspecto al estilo “Heavy”, ese movimiento musical juvenil que tan de moda se puso allá por los años 80 en gran parte de Europa y América. De repente, dos hombres se acercaron al grupo, e identificándose como Agentes de la Autoridad, se llevaron detenido al que parecía su líder.

          Tras introducirlo en un furgón, recorrieron anchas y largas calles mientras la sirena del vehículo se pronunciaba en un llanto constante, provocando las atentas miradas de quienes con ella se cruzaban. Pasados unos minutos, la velocidad de aquel habitáculo con ruedas fue disminuyendo hasta que se paró por completo frente a una fachada en la que sobre una puerta con enormes cristaleras podía leerse "Juzgado de Guardia". Los agentes invitaron al joven a cruzarla, y tras atravesar un largo pasillo, lo condujeron esposado hasta una sala dispuesta a modo de oficina.

          Allí se encontraba el Juez, acompañado de un secretario, el carcelero, y dos jóvenes de rostro inocente que, bolígrafo en mano, iban llenando folios y folios relatando lo que allí acontecía; posiblemente se tratase de estudiantes de Derecho en prácticas. Tras unos minutos de silencio, y tras contemplar al reo, comenzó la lluvia de preguntas, a las que el protagonista asentía o callaba con humildad y paciencia, recibiendo en una explosión de ira del carcelero un fuerte golpe en la mejilla...

          Es esta una historia verídica, una historia real que, con más de dos mil años de bagaje, hemos traído hasta nuestro tiempo para transmitir el Pasaje Evangélico en el que Jesús es llevado ante Anás; un instante que queda reflejado en la Semana Santa de Sevilla por la Pontificia Fervorosa Ilustre y Antigua Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús ante Anás, Santo Cristo del Mayor Dolor, María Santísima del Dulce Nombre y San Juan Evangelista, y que es conocida popularmente como "La Bofetá".

          Así que, para ver todo un poquito mejor, vámonos hasta la Parroquia de San Lorenzo.



(Juan 18:12-24)

19 Mientras tanto, el sumo sacerdote interrogaba a Jesús acerca de sus discípulos y de sus enseñanzas.
20 —Yo he hablado abiertamente al mundo —respondió Jesús—. Siempre he enseñado en las sinagogas o en el templo, donde se congregan todos los judíos. En secreto no he dicho nada. 21 ¿Por qué me interrogas a mí? ¡Interroga a los que me han oído hablar! Ellos deben saber lo que dije.
22 Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí cerca le dio una bofetada y le dijo:
—¿Así contestas al sumo sacerdote?
23 —Si he dicho algo malo —replicó Jesús—, demuéstramelo. Pero si lo que dije es correcto, ¿por qué me pegas?
24 Entonces Anás lo envió todavía atado, a Caifás, el sumo sacerdote.


jueves, 15 de enero de 2015

LA IGLESIA DE SAN ROMÁN. Pepe Lasala.

        
                   -Sube el volumen de tu altavoz, lo disfrutarás dos veces-
    
                Hoy en nuestra Tertulia, vamos a acercarnos hasta uno de los Templos con más solera de Sevilla, la Iglesia de San Román. Rodeada de castizas vías como la calle Sol, la calle Socorro o la calle Enladrillada, y enclavada en la plaza con el nombre del Santo, resulta un lugar plenamente acogedor en el que quedarse un ratito para orar. Aquí residió durante muchos años la Hermandad de los Gitanos hasta que partió hacia su "nueva casa", y a día de hoy, San Román abre sus brazos con cariño a la Hermandad de la Exaltación, y como dicen más abajo en uno de los comentarios de esta entrada, a la Hermandad del Carmen y Rosario de Santa Catalina, así como a la de Santa Lucía.

     Desde tiempos de la Reconquista, el paso de los siglos le ha ido otorgando esa "vida" que hoy nos muestra, ese camino por el que tantos y tantos fieles han transitado rumbo a su Altar culminando en genuflexión. Cientos y cientos de rezos, peticiones, agradecimientos, confesiones... habrán fluido por sus naves conformando el corazón de la Fe y la Esperanza que aquí habitan, dando consuelo a alguna lágrima que desde el último banco susurra pidiendo fuerzas.